miércoles, 28 de marzo de 2012

En la calle

Un hombre camina con su cartel "ayudame, necesito dinero para hierba", afortunadamente para el, el cinismo es ahora mas comercial que la compasión.
Caminar por la ciudad, las veredas adoquinadas, los arboles que vuelven a florecer, las matitas que empiezan a crecer, cada barrio, un ecosistema. La musica incluso es una huella digital, los sonidos que se mezclan, orquestados por los pasos de la gente, por sus prisas, sus horarios, las pisadas que olvidan, la tierra de sus zapatos, los tacones de las chicas, los botines desgastados.
Un piano en el subterráneo, el es negro, tiene canas y expresion bondadosa, ella es joven, rubia, su ensueño es palpable, es real y denso como la musica que brinda, una guitarra mas, un saxofon, un amplificador, no se necesita un teatro, ni cortinas, ni un estadio.
Bajamos a lo profundo de la tierra, perdemos los rayos del sol, unos parecen cansados, otros hastiados, y unos cuantos, como yo, un poco asustados. Miedo? indiferencia? la música no sabe de penas.
Es maravilloso poder cerrar los ojos un momento y dejarse llevar por ese espontaneo ritmo de la calle y el corazón, esa mezcla fabulosa de arte y realidad, un aroma fuerte como el cafe y helado como la menta,  es mas fácil caminar cuando se abren bien los ojos, porque dejas de ver piedras en el camino y empiezas a encontrar flores, ya no hay paredes desgastadas, hay muros con historia, las miradas evasivas son personas con algo que contar, un cascabel atado a un árbol es una promesa sin terminar, y tal vez las grietas del suelo, o los charcos helados, o incluso los hombres sin hogar, son obras maestras, piezas irrepetibles y de inconmensurable valor artístico que han sido puestas en nuestro camino con la única y humilde esperanza de ser apreciadas.

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