Después de una colección absurda de días sin sentido, momentos buenos pero escasos, cuentos largos como las horas que se arrastran, inseguridad, insensatez, despecho.
De pronto aparece, no sé, algo así como una luz, una luz que es irónicamente oscura, como una mancha de humo en mi pulmón derecho, pero aún así una luz que logra revivir en mi garganta esa risa perdida hace tanto tiempo, logra de algún incomprensible modo regresar ese brillo casi idiota a mis pupilas, esa alegría tan fuerte, fuerte como una bola de cañon lanzada de lleno a mi pecho, tan fuerte que logra reunir mis costillas rotas y mis lágrimas secas. Un caos que pone todo en su lugar.
Luego de una larguísima siesta de sueños irrelevantes y falsas alegrías aparece un aluvión de locura que enardece mis tristezas hambrientas, me vuelve literalmente loca de atar, me alegra hasta lo absurdo, lo incomprensible.
No comprendo como funciona esto, pero creo que ya es hora de abrir el primer cerrojo de mi testaruda cabezota, creo que después de todo este tiempo, por fin puedo dejarme querer.
Lo intentaré otra vez.
No sé, soy después de todo una adolescentecasiadulta confundida, a quien le cuesta hilar sus ideas. Y la verdad me muero de miedo, pero algo ahí en el subconciente me dice que vale la pena intentarlo.


