martes, 17 de enero de 2012

Invierno

Podrán existir tantas gotas de lluvia como lagrimas vertidas?
Al fin y al cabo, nuestro llanto se evapora, pasa de un estado triste a gaseoso, y cuando termina el ciclo, vuelve en precipitación. La lluvia muchas veces nos refresca, a veces nos enfría, o enjuga una lágrima compañera, otra lágrima que un día volverá.
Te gusta la lluvia? Que has hecho con ella?
Yo he reído bajo esas lágrimas dulces, he bailado, he corrido, he llorado, he lavado mi rostro, y sí, he bebido las lagrimas del cielo, he bebido de ellas.
Es un poco triste pensar que esas penas del pasado siempre van a regresar, que volverán indelebles como el penoso llanto que no decide irse, que viene y va pero no termina jamas.
El llanto fue hecho para expiar el dolor, para drenar la ira, para consumar un instante de felicidad. Fue hecho para lo efímero, lo fugaz, para un momento que termina mucho antes de empezar. Y sin embargo deja huellas, como un denso ácido que surca las mejillas, como un filo ponzoñoso que carcome el corazón, deja huellas como el recuerdo vacuo de un amor pequeño que se olvidó...

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